Intranquilidad por querer traspasar la madera de la puerta sólo para tocar
su delicado rostro… enrojecido.
Se remueve en el colchón y según lo que ella intenta distinguir, agita un
poco sus alas antes de por fin caer rendido sin siquiera cerrar su orbes claros.
Sus labios llevan un color rojizo. No es pálido, pero se le nota un leve rosado
encima de sus mejillas. Es bastante delicado por lo que ve, pero a la vez
fuerte. Es hermoso. Y está durmiendo justo en su colchón. Podría enamorarse ahora
mismo con esa mini-sonrisa débil que poseía y se robaba toda la calidez del
mundo, sólo para transferírsela a ella. La luz del amanecer fue el despertar de
sus pensamientos, dándose cuenta que aquel ser o… Ángel… ya no pertenecía a
ambos mundos. Dos miserables lágrimas brotaron de orbes ajenos, los de ella.
Adiós Ángel caído, extrañaré exquisitamente ese deslumbrar de
colores que poseían tus alas, y tu hermoso cuerpo y rostro que transmitían cada
sonido del mar en total paz.

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