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Desde los 12 a los 14 mantuve este blog. He crecido y mi tw/ig es @userwafer. Bye.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Más vale una birra para este calor. 《Olor a cerveza》.

Mares azulejos llenos de gran espuma esparcida, se impregna un olor a birra en el aire, ellos esperan detenidamente.

Su cerveza brillante y de color amarillenta nos sorprende iluminando aquellos mares.
La larga espuma dispersándose, dando espacio para el acalorado alcohol que tanto esperamos que siga cayendo sobre nosotros.

Los pajarillos cantan, los cuidadores de la granja intentan mantener la calma de sus animales, los del zoológico se preparan para un nuevo día de lo que no será esta vez, refrescante.

Seis de la mañana, ha dejado de lloviznar agua salada, las estrellas que antes alumbraban el cielo han desaparecido, el azulejo va cambiando su tonalidad, ahora es un rosa viejo.

El color amarillento de esa grata birra me deja a ciegas, metiéndose a la fuerza por entre mis cortinas añejadas.

¡Más vale una sombrilla para este día acalorado!

Unas gafas oscuras no me serán de gran ayuda, por ahora aquellos mares sólo se están recuperando con ayuda de un delineado arcoíris de entre la espuma dispersada.

La cerveza… ¡Que digo!, ¿cuál era palabra correcta en vez de ésta obscenidad? Ah, sí… el Sol. Brillante Sol que ahora alumbra todo lo que tiene a su alcance de la ciudad, deshaciendo la oscuridad de los callejones, despertando las ganas de un nuevo día.
Alumbrando las caras largas, dejando ver las ojeras que la noche pasada nos obsequió a nuestros rostros.

Adultos con prisa, disgustados por la fuerza de su líquido amarillento convertido en rayos solares, esa que suelta la bola de fuego, saliendo de su escondite por entre las montañas lejanas.

Se mantiene en el Este, luego permanece en seco en la punta de los cielos llamados mares. Abundando la espuma pálida, no dándonos cuenta que ya está cerca del Oeste, y luego una brisa tranquila apoderándose de la oscuridad; de vuelta a la noche, de vuelta a las pequeñas estrellas instruyéndonos por donde pasar. Y la bola de fuego, llamada Sol, no la veremos sino hasta que su despertador brillante nos obligue a levantarnos.

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